Sin embargo, rato después, en el aula, no era capaz de concentrarse; ¡estaba demasiado mareado! Y, sujetándose el rostro con una mano, apoyados los codos sobre la mesa, veía todo tan borroso… que casi no se da cuenta cuando el profesor le preguntó-Sr. Carmington, ¿se encuentra bien? –entrecerrando los ojos, aturdido, contesta
-No estoy seguro… -descubriendo que su vista iba de mal en peor-, ¿puedo ir a la Enfermería?
Apenas si alcanzó a dar unos diez pasos una vez afuera, cuando perdió la visión de las cosas…, y la noción del tiempo.
Horas más tarde despierta repentinamente, desorientado y con un fuerte dolor de cabeza. Mira a su alrededor, pero no logra darse cuenta de dónde se encuentra.
-¿Dónde estoy?
-¡Vaya! Al fin despertaste –dice la chica, volteando hacia él-. Estás en la Enfermería. ¿Cómo te sientes?
-¿Cómo? ¿Entonces llegué?
-No, te trajeron. Estabas inconsciente.
Contrariado, mira su reloj, y se da cuenta de que se le ha hecho muy tarde.
-¡Ya tengo que irme!
-¡Ni hablar! –increpa la enfermera, indicando que debe reposar, pero Sam sale corriendo de allí- ¡No, espera!
-¡De seguro te fuiste con tus amigos a fumar a alguna parte, o algo así! –le grita enfurecido su padre en la cocina.- ¡Sabes que debes venir directo a casa, te lo hemos dicho tantas veces, por Dios! –Samuel comenzaba a cansarse del sermón, especialmente viniendo de su padre, el más opuesto ícono a todo lo que para él significaba rectitud.- ¡Nosotros no te educamos para hacer esas cosas!
Y, en un arrebato de rabia, Samuel contesta
-¿Y a ti sí te educaron para engañar a tu esposa?- Recibiendo casi inmediatamente un duro golpe con la mano que le corta la frente-. Y no; no estaba fumando…, ni nada parecido.
-No has hablado de eso con tu madre, ¿o sí?
-¿De qué sirve? Sabes que no me cree…
Por fin reparando en el aspecto de su hijo, pregunta
-¿Por qué tienes sangre en la camisa?
-Un compañero me golpeó. –Y éste, volteando, le responde de espaldas, bruscamente
-Algo debiste hacer, tú te lo buscaste.
-¿De qué maldito lado estás?
-¡Uno se busca los problemas, Samuel! ¡Ellos no vienen a ti!

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