Rato después, se paseaba el padre inquieto por el pasillo, debatiendo consigo mismo, decidiéndose finalmente a entrar y pedirle disculpas.-…sí, te sentirás mejor después de hacerlo- se decía. Mas, una vez dentro…- Samuel, quería hablar contigo…- Y, antes de poder darse cuenta, una soga pasa rápidamente frente a sus ojos para, acto seguido, aprisionarle la garganta. Entonces escucha, en un susurro
-¿Qué? ¿Venías a golpearme también, otra vez?...
-¡No, yo…!
-¡Silencio!- le interrumpe, estrechando más y más la cuerda… Tras unos minutos de forcejeo, caía el padre al suelo. Muerto.
Sam lo observa durante unos momentos hasta que, lentamente, vuelve a ser él, para darse cuenta del horror que ha cometido. No comprende qué ha sucedido, ¡ni qué es lo que ha hecho! Pero el pánico no tarda en apoderarse de él, y se arroja al suelo, sacudiendo desesperadamente a su padre en un inútil intento por despertarlo, de simular que no es verdad; que nada de eso estaba pasando.
Pero no se movió. No se levantó… No se despertó.
Comenzó a dar vueltas por la casa, desorientado: su hermana dormía plácidamente en su alcoba abrazando a un osito de felpa; su madre se había dormido sobre un sillón, viendo televisión, cuyo canal hacía mucho rato había finalizado la transmisión.
Se dirigió a la cocina del modo más silencioso que pudo. Sacó un enorme cuchillo de una gaveta, y bolsas de plástico negras de otra. Una vez encerrado nuevamente en su pieza…
-Bien…, aquí vamos- Pero al comenzar y ver la sangre, soltó inmediatamente todo y, volteando en una convulsión, debió esforzarse por taparse la boca y contener el vómito-. Vamos, TIENES QUE hacerlo… No puedes sacarlo de aquí entero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario