A la mañana siguiente, no tenía fuerzas siquiera para despertar, o levantarse.
-¡Bien, señoritas!- grita un guardia- ¡A las duchas!
Y no era por razón obscena alguna, sino por el evidente golpe que acababa de recibir…
-¿Qué?- dirigiéndose a Samuel-, ¿acaso no me oíste?- Saca su luma y, al no ver reacción alguna en él, lo golpea- ¡De pie, AHORA!
Y antes de que pueda golpearlo de nuevo, Alex se interpone.
-¡Diablos, Clive, cálmate!
-Conoces las reglas, McGregor- replica él-, mejor dile a tu amigo que se apresure.
Alex se dirige a Samuel y lo sacude
-¿Qué demonios te sucede, Sam? Debes levantarte YA.
-Sí, ya voy…- responde, abriendo un ojo. Alex se extraña al descubrir que tiene un rasguño en el pómulo derecho-. Vamos.
Caminando por el pasillo,
-¿Qué te pasó en la cara?
-Nada importante- contesta Sam, cortante.
El uniforme que los encarcelados debían usar consistía en un pantalón que a Samuel le quedaba holgado, una polera blanca y encima una camisa del mismo material y color que el pantalón. Una vez en las duchas, al quitarse la camisa, Alex se percata de las manchas en la polera de Sam.
-Tienes rojo también ahí, ¿qué ocurre?- y él, mirando al piso, responde
-Es difícil de explicar…
Ya desnudos y todos en las duchas, Samuel deja ver un cuerpo completamente arañado, de cabeza a pies, bajo la mirada preocupada de su compañero…, “¿Qué rayos le había pasado?”
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