sábado, 30 de enero de 2010

De vuelta en la celda, y recostado sobre el camarote, Samuel de a poco va recuperando la conciencia.
-Samuel…- oye a lo lejos-, Samuel…- va abriendo los ojos-… ¡SAMUEL!- termina de llamar Alex. Samuel acaba de reaccionar, y se levanta abruptamente.
-¿Qué ocurrió? ¿Dónde está…?
-Calma, Samuel. Estás a salvo.
-No, no lo estoy- se tira de espaldas nuevamente a la cama, tapándose el rostro con ambas manos-. Oh, dios mío…
Y nunca más lo estaría.
El agobio… Aquella noche ni dormir podía, y se balanceaba sentado sobre su cama, abrazándose las rodillas, mirando al vacío…
-Samuel…-masculla Alex, somnoliento, asomándose desde arriba-, ¿qué haces despierto a esta hora?- Él le dirige primero una mirada triste, para luego encerrarse nuevamente en sí mismo, frunciendo el ceño. Alex baja y se sienta a su lado, intentando calmarlo. Pero las imágenes daban vueltas y vueltas en su cabeza… No sabía qué hacer…- Debieras tratar de dormir un poco. Sé que probablemente te sientes mal, pero…- Y cuando un objeto brillante llamó su atención, de pronto… lo supo.
Se levantó de un brinco y se dirigió a aquello.
-¡Hey! ¿Dónde vas?
Alex lo ve agacharse para luego levantarse… sosteniendo un afilado cuchillo entre las manos. Se asusta.

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