miércoles, 7 de abril de 2010

Pasado el inicial momento de la emoción y los saludos, Steve pregunta:
-¿Y cómo has estado?- pero Sam guarda silencio y, adoptando un carácter más serio, responde con otra pregunta, llena de angustia.
-Steve… ¿Cómo está mi madre?
-Lamento decírtelo, Samuel, pero… no creo que esté bien. No ha salido de la casa…
-…¿Y Aralia?
-No, de ella no te preocupes. Está un poco alterada, pero sólo eso… Quiere saber cómo estás.
Sam lo piensa un poco antes de hablar, y
-Dile que… que no se preocupe- fingiendo una sonrisa -. Que estoy bien- pero Steve se ha percatado de los vendajes en sus manos, comenzando a asomarse por las mangas de su camisa -… perfectamente bien.
-Samuel… ¿Qué te ocurrió en los brazos? ¿Por qué las vendas?
Con esta pregunta, su semblante cambia por completo. Abre desmesuradamente los ojos, y se queda unos momentos mirando al vacío, con millones de pensamientos revolviéndose en su mente, y haciéndole zumbar los oídos.
-Yo…- se le dificulta mucho articular palabra.
-Sam, ¿qué pasa?- Steve comienza a preocuparse, observando a su amigo a través del vidrio.
-…tuve. Yo tenía que.
-¿Tenías que qué, Samuel? ¿Qué te sucede? –cada vez más alarmado. Hasta que de pronto, de manera increíblemente súbita y repentina, Sam entra en una especie de frenesí y, poniéndose de pie y golpeando con una mano la mesa, se pone a gritar, fuera de sí…, como poseído.
-¡YO TENÍA QUE HACERLO! ¡NO HABÍA OTRA SALIDA! ¡ERA MI ÚNICA, LA ÚNICA OPCIÓN! ¡NO HABÍA NADA QUE HACER! ¡TENÍA QUE HACERLO ANTES DE QUE VOLVIERAN, OTRA VEZ! ¡TENÍA QUE HACERLO! ¡¡TUVE QUE HACERLO!! ¡¡TÚ NO ENTIENDES!! ¡NADIE LO ENTIENDE! ¡ESTABA DESESPERADO! ¡TENÍA QUE HACERLO! ¡TENÍA QUE HACERLO! ¡¡ME HICIERON HACERLO!!- arrojando el auricular lejos, y corriendo fuera de la estancia, dejando a Steve sobrepasando el límite de la perplejidad, y el miedo.
Sam sigue corriendo a través de los pasillos hasta llegar a uno de los patios, donde se oculta bajo una banca y se abraza las rodillas…

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