lunes, 14 de septiembre de 2009

Cuando volvió a casa, su madre estaba histérica, y en cuanto lo vio, se levantó de su asiento y, apuntándolo con el dedo, comenzó a gritar:
-¡Él fue! ¡Él lo hizo!- entonces un oficial de policía la sujetó de un brazo.

-Señora, por favor, es su hijo…

-¡Él lo odiaba…! – ahogada en su impotencia. Sam, con una gota de sudor cayéndole por la sien, se retira a su habitación.



-¿Samuel…?-estaba mirando por la ventana, y voltea para encontrar a Aralia tras de sí. Tenía los ojos cristalinos e irritados- ¿Es verdad que se ha ido? ¿Es cierto que nuestro papá ha muerto?- Él, con una mueca que denotaba sufrimiento por la tristeza de su hermana, termina de voltearse.

-Ven aquí…- la abraza-. Es verdad. Todo es verdad… Pero no te preocupes…

-Mamá te culpa a ti… No serías capaz de algo como eso, ¿verdad, hermano?- y Sam, preparándose para mentir, no sin extrema culpa, la estrecha aún más contra su pecho.

-NO. Nunca. No sufras… Todo estará bien.



Dando vueltas por un parque, todo de pronto se le había hundido… Sólo entonces asimilaba el horror en el que se había convertido su vida; Todo se veía reducido a un simple impulso…; de haberlo retenido… él… ellos…


-Hola, Sam.

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