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Cuando elevó la vista, sentado donde estaba, lo encontró.
-Steve, ¿qué…?
-Explícate- le increpa. Luego se sienta junto a él, y continúa- ¿No crees que…, que tu padre merecía una tumba más “digna”?
-¿Qué?- intentando mantener la calma- ¿De qué estás hablando?
-Y ahora lo niegas- replica Steve, con un rostro despectivo.-…¿A qué te refieres? –Entonces él lo coge de los hombros y, zamarreándolo
-¡Me refiero a que lo sé, Carmington! ¡Lo sé todo! –Sam se levanta como disparado por un rayo, apartando de un golpe las manos de Steve.
-¡MIENTES! ¡¿Cómo podrías tener siquiera una idea?!- casi fuera de sí.
-¡Porque te vi!- “¡¿Qué?!”, exclama para sus adentros
-Espera un momento, entonces… ¡Tú fuiste quien movió el cadáver de su sitio!- apuntándolo.
-Pero qué lento… Así como tú, también suelo pasear de noche, y fue cuando te sorprendí. Me extrañó ver al “niñito bueno” tan tarde afuera. Quise averiguar qué era lo que tan sospechosamente ocultabas… y cuando vi el interior de la bolsa…- se detiene, evidenciándose el gran impacto que aquella visión le había ocasionado.
“No puede ser…”, pensaba Samuel, con la expresión de pánico más grande que pudiesen imaginar, transpirando…, “No puede ser…” ¿Cómo era posible que de pronto su vida estuviera en manos de su peor enemigo? Pero entonces interrumpe sus pensamientos.
-Mas no te preocupes… No te delataré.
Sam, cambiando visiblemente su semblante a uno de notable asombro
-¿Qué? Y eso, ¿por qué?
-Soy consciente de los problemas que tenías con tu padre… Tú me lo contaste, ¿no lo recuerdas?- mirándolo fijamente a los ojos- Cuando éramos amigos…- y dicho esto, se marcha, colocando su mano izquierda en una posición particular, uniendo los dedos medio y anular. Sam lo nota, y luego de esbozar una pequeña sonrisa, comenta para sí-Entonces sí se acuerda…
Cuando volvió a casa, su madre estaba histérica, y en cuanto lo vio, se levantó de su asiento y, apuntándolo con el dedo, comenzó a gritar:
-¡Él fue! ¡Él lo hizo!- entonces un oficial de policía la sujetó de un brazo.
-Señora, por favor, es su hijo…
-¡Él lo odiaba…! – ahogada en su impotencia. Sam, con una gota de sudor cayéndole por la sien, se retira a su habitación.
-¿Samuel…?-estaba mirando por la ventana, y voltea para encontrar a Aralia tras de sí. Tenía los ojos cristalinos e irritados- ¿Es verdad que se ha ido? ¿Es cierto que nuestro papá ha muerto?- Él, con una mueca que denotaba sufrimiento por la tristeza de su hermana, termina de voltearse.
-Ven aquí…- la abraza-. Es verdad. Todo es verdad… Pero no te preocupes…
-Mamá te culpa a ti… No serías capaz de algo como eso, ¿verdad, hermano?- y Sam, preparándose para mentir, no sin extrema culpa, la estrecha aún más contra su pecho.
-NO. Nunca. No sufras… Todo estará bien.
Dando vueltas por un parque, todo de pronto se le había hundido… Sólo entonces asimilaba el horror en el que se había convertido su vida; Todo se veía reducido a un simple impulso…; de haberlo retenido… él… ellos…-Hola, Sam.
-Tranquilo- intenta consolarlo la profesora, ignorando el remolino desarrollándose en el interior de su alumno-…
Lo deja permanecer afuera, y cuando entra nuevamente a la sala de clases:-Profesora, ¿y Samuel? –pregunta Carmelia. La chismosa de la maestra no tarda en soltarles sobre lo que acababa de enterarse.Al recreo, Carmelia, con los ojos llorosos, se acerca a Sam, que está sentado en el piso.
-¿Samuel…?
-Aralia… Mi hermanita Aralia… Se ha quedado sin papá…
-¿Qué hay de ti?
-Da lo mismo.
-No te entiendo.
-Es ella quien me preocupa.
Ya observándolo detenidamente, se percata de los moretones y marcas en su rostro, y pregunta
-¿Qué te ocurrió en la cara?- Y Sam, más preocupado de su hermana que de cualquier otra cosa, responde ligeramente
-Nada… Anoche me asaltaron, es todo.- es cuando ella, repentinamente presa de pena, se arroja a sus brazos, exclamando
-Oh, Samuel, ¡qué mal la has pasado!Nunca le gustó la compasión ajena… Y la suya en especial, más que molestar, desagradarle o ambas, le hacía sentir profundamente humillado… Pero, ¿para qué andar con cosas? Le gustaba que lo abrazara, pensaba, devolviéndole el abrazo.
-¡Samuel!- le alcanzó Carlos en el pasillo. Cuando volteó, le dijo- ¡Dios! ¡Cada vez que te veo estás peor!- aludiendo al moretón en su mejilla-. Quería decirte que… que lamento mucho lo de tu padre. -También yo- responde Sam, cerrando los ojos.
-Realmente… no sé qué decir…
-Di que…- abriendo los ojos, comenzando a exaltarse- ¡Di que estarás siempre allí, apoyándome, suceda lo que suceda!-Sabes que así será, Samuel, no tienes que pedirlo…- algo extrañado.
-¡Es que estoy desesperado, Carlos!- y, tomándolo del cuello de la camisa, aproximándolo más a él- ¡Ya no sé con quién hablar!
-¡Tranquilízate, Samuel!- asustado. Cuando ya se calma un poco- Puedes hablar conmigo…
-No…- responde, desviando la mirada mientras lo suelta, y comenzando a alejarse- No sería capaz de inmiscuirte en un secreto de semejantes dimensiones…