Se incorporó rápidamente en la cama que estaba, sintiendo un inmediato resentimiento en todo el cuerpo por el esfuerzo indebido.
Vio que sus brazos estaban vendados hasta el codo y, retirándose el oxígeno de la nariz, se preguntó, “¿Qué… demonios?”. Hasta que, de golpe, todo volvió a su memoria, y desesperó.
“Estoy… ¿VIVO? ¡¿Cómo pasó?!”
Es entonces cuando entra un oficial al cuarto de hospital donde se encontraba.
-Ya despertaste- y, cogiéndolo del cuello de la bata, lo jala-. ¡Andando!
Y así fue como pronto estuvo de vuelta en el “Purgatorio”… Le pareció incluso peor que la primera vez.
Todos al interior ya se habían enterado del incidente, y le miraban con cara de pocos amigos. Sólo Alex corre hacia él al verlo.
-¡Sam!-cogiéndolo de los hombros-, ¿estás bien?¿Qué ocurrió?- preocupado. Pero él sólo se limitó a responder, con el alma ida.
-Nada… importante.
Y, casi inmediatamente, recibe un puñetazo en la mejilla derecha, que lo deja contra la pared. Alex se encoleriza.
-¡¿Qué demonios les sucede ahora?!
Es Gaspar que, quizás igual o más enojado, reclama
-Ese idiota- el idiota es Sam-… ¡Por culpa de ese idiota confiscaron todas nuestras armas, las que teníamos ocultas! ¡Y las va a pagar!
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