-Y yo me temo… que me niego.- entonces lo suelta y, enderezándose
-Mmm… Es una lástima. Digo, para tu hermana.- Sam, levantándose, queda helado.
-¿De qué hablas?- aún dándole la espalda.
-De que si te niegas, prácticamente la estarás matando. ¡Le haremos lo que queramos!- “Aralia…”, piensa Sam. Pero luego
-¡Mientes!- sonriendo repentinamente.
-¿Perdón?- pregunta el otro, extrañado.
-Digo que no tienes forma de saber NADA sobre mí- volteando hacia él, a la vez que sonríe nerviosamente-, ni mucho menos hacer NADA desde aquí, encerrado…- pero él responde, eliminando instantáneamente de su rostro la sonrisa.
-Tengo mis fuentes, Samuel- mirándose las uñas, para luego sonreírle-… y contactos.
Samuel suda frío… ¡Lo intentó!, pero… no pudo.
Aralia… Habían alcanzado su punto débil. Su pequeña hermanita, a quien quería, amaba tanto… Si algo le pasaba, simplemente no podría con la culpa. Él… tendría que sacrificarse.
-Nos vemos a la noche, “dulzura”- se despide el sujeto, burlesco.
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