sábado, 24 de octubre de 2009

MIÉRCOLES.

Se encuentra sentado sobre el respaldo de la banca que acostumbra. Mirando al suelo, ve unos zapatitos negros frente suyo, y al subir la vista
-¿Samuel?- con una sonrisa más bien tímida.
-Carmelia, hola…- se sienta a su lado.
-¿Cómo has estado?
-¿Yo? Bien, bien… Muchísimo mejor, a decir verdad.
-Se te nota- Sam abre los ojos tras un largo parpadeo, y la observa… Están tan cerca…- ¿Sabes, Samuel? –juega con sus dedos- Estaba pensando que quizás- Lo mira, y luego retira la vista, avergonzada- no sé…- él sigue mirándola fijamente y alza los brazos hacia ella sin que se dé cuenta-, nosotros…-entonces atrae abruptamente su cara, y la besa… Cuando sus labios se separan, ambos se quedan mirando a los ojos unos segundos…, y sonríen.


Ese día, y aquella tarde, fue rica e inmensamente feliz…, o al menos así se sintió. Había besado a Carmelia. Eso lógicamente debía alegrarle, e incrementar aún más el estado interno de euforia en el que se encontraba, pero… De pronto comprendió que no debió haberla besado… pues ese solo contacto, su calor, sus suaves labios, el roce… Le habían devuelto, sin quererlo ni darse cuenta, algo que creía perdido…, y que le vino como patada en el estómago, haciéndole desear vomitar…: Humanidad. Consciencia. Remordimiento.
Todos, fusionados, habían vuelto a su cabeza para atormentarle. Hacían que, de pronto, ya no quisiera seguir con su plan: Había decidido simplemente dejar que la inculparan injustamente; que se pudriera en la cárcel. ¿Cómo realizarlo? ¿Cómo llevarlo a cabo si repentinamente… le invadía la culpa?

miércoles, 14 de octubre de 2009

MARTES.

Radiante y sonriente debido a la nueva idea que se le había metido en la cabeza, el día de clases transcurre tranquilo y productivo. Al recreo se encuentra con su amigo, a quien saluda
-Hola, Carlos.- él, extrañado,
-¡Sam, hola! ¡Qué sorpresa el hallarte de tan buen humor! –“De hecho”, piensa, “es la primera vez, desde que lo conozco, que lo veo sonreír…” Y, reparando más en los detalles de su semblante…, “Pero tiene un algo… Se le ve mejor, y sin embargo, ¿por qué no me gusta su nuevo aspecto?”
-¿Ocurre algo? -pregunta Sam.
-¿Qué? No, nada- sonriendo incómodo.- “Tiene algo siniestro… Me pone nervioso…”

domingo, 4 de octubre de 2009

El funeral fue ese fin de semana. No podía explicar su descontento al verla llegar…: Carolina, la amante de su padre. O bueno… su ex amante; Ella, una de las primeras y principales causas del desmoronamiento que padeció su familia, ¿cómo se atrevía siquiera a aparecer allí? ¿A mostrar la cara? Con su madre presente…, claro que ella no la conocía. No sabía quién era…, ni tampoco le interesó demasiado averiguarlo.
A él sí le interesaba. Le afectaba de sobremanera que la verdad nunca se supiera. Todo, en realidad, había muerto con su padre…

Transcurrieron semanas, y creyó que todo, poco a poco, se había olvidado, cuando…
-¿Qué?- exclama Sam a su madre- ¿Un sospechoso?
-Sí…-decaída.

-¿Quién?

-Una tal Carolina Thompson…- Sam se desmorona. ¡No podía ser! ¡Ella! ¿Por qué debía ser ella?... Delatada por vecinas chismosas que la vieron repetidas veces con su padre, los cargos son el de homicidio premeditado y… No puede escuchar bien lo que le dice… Estaba…- ¿Por qué estás tan sorprendido?


El juicio sería el viernes por la mañana. Estaban recién a Lunes…, pronto Martes. Habría que esperar tres días más.

Momentos después, estaba sentado en su habitación, cuando de pronto vio la oportunidad, formando una plena y extensa sonrisa en su rostro… ¡Ya sabía lo que haría!
¡Era perfecto!

Como una revelación… ¡Casi como una iluminación!