jueves, 26 de noviembre de 2009

Lo enviaron a uno de aquellos reformatorios, correccionales o como fuera que se llamasen… Él lo denominaba de una sola forma: El Purgatorio.
Echó un vistazo general al entrar. Las cosas no serían nada agradables; eso era seguro.
Cuando entró a la que dijeron era su celda, se sentó en el camarote inferior, y tomándose la cabeza con las manos, al tiempo que apoyaba los codos sobre las rodillas, exhaló un
-¿Qué he… hecho?
-Lo mismo me pregunto yo- respondió una voz, sorprendiéndolo. Levantó la vista hacia el camarote sobre él, y ahí estaba: un joven observándole de vuelta y que, en un movimiento ágil, bajó y se paró a su lado, apoyando el cuerpo en el pilar de la cama.
-Prefiero no hablar de eso- dijo Sam, dirigiendo la mirada al piso.
-Como quieras- acotó el desconocido con la sola intención de crear una conversación y, extendiéndole una mano, dijo-. Soy Alex.
-Samuel- estrechan manos.
-Un gusto.
-Las circunstancias no son tales como para, francamente, decir lo mismo. Lo siento- soltándose.
-Sí, comprendo- responde, amigable. Luego frunce el ceño y, dándose cuenta de su naturaleza, le previene:-. Mira, te lo diré sin rodeos. Este lugar es muy similar a una simple escuela, en cuanto a variedad de gente: habrá gente agradable, los más pocos, y/o abusivos; puedes hallar cualquier cosa por aquí, te lo advierto. Más vale tener cuidado, y como eres nuevo, más tú que nadie- Poco a poco la cara de Sam va transformándose, adquiriendo miedo-… Y por supuesto, de más está decir que depravados hay por doquier, en busca de “carne fresca”…
-¿Qué debo hacer?- pregunta angustiado, a lo que Alex responde con algo que lo petrifica:
-Cuidar tu trasero- dándole una palmada en el hombro.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Al día siguiente, Sam se arreglaba la corbata frente al espejo y se colocaba el saco encima. Estaba claro que no iría a la escuela. Debía estar allí; tenía que.
Y, una vez allá, la gente comenzó a llegar… Él no pudo entrar.
No podía dejar de pensar en todas las posibilidades, todas las puertas abiertas o medio cerradas frente a él: Podía librarse de ella para siempre, ¡podía enviarla a prisión! Pero sería tan injusto… Aunque también ella había sido injusta al meterse con su familia, ¡al arruinarle la vida!... ¿Qué debía hacer?

Finalmente se decidió a entrar en el preciso momento en que se anunciaba el veredicto…, y la condena.
-Se le declara culpable, y deberá pasar 15 años en prisión- dijo el Juez, al tiempo que golpeaba el mesón con su mazo.
¿Debía acaso sacarla de allí? ¿Salvarla de ser inculpada por algo que NO hizo? ¡De todos modos cometió un crimen!, pero…
-¡ALTO!- Gritó. Fue entonces cuando todas las miradas voltearon hacia la figura en la entrada. Se dio cuenta de que era un momento crucial… y temblaba-. Ella… ella no lo hizo- Tanto su madre como la amante del muerto quedaron atónitas, y lo miraban atentamente-… Yo lo maté. ¡Yo maté a mi padre!
-¿Qué?- exclamó Aralia, mientras su madre pensaba en voz alta
-¡Yo estaba en lo cierto!
Un par de oficiales se acercaron a Samuel y, cogiéndolo de los hombros y brazos, sacaron unas esposas.
-Vendrás con nosotros.
Aralia zarandeaba a su mamá, gritándole que no dejara que se lo llevaran, pero ella seguía sumergida, perdida en sus pensamientos, sin poder dejar de repetir, “…Tenía razón”.

A partir de ese momento, todo lo que aún quedaba en pie, caería… Todo lo que conocía cambiaría. La tortura…, la pesadilla comenzaría. Y lanzando una dolorosa mirada al vacío, se dejó llevar a lo que creía merecía.

martes, 3 de noviembre de 2009

JUEVES.

Sólo faltaba un día para el juicio. No podía esperarlo, ¡no sabría enfrentarlo! Nuevamente se sentía… enfermo.
Caminando por los pasillos de la escuela, Carlos sale a su encuentro.
-¡Hola, Sam! ¿Cómo…?- pero sin prestarle atención o verlo siquiera, Samuel pasa a su lado, y sigue de largo. Carlos voltea y piensa, “Pero qué voluble, ¿qué le ocurrirá hoy?”, mientras Sam se aleja.



-¿Nervioso?- lo aborda Steve, sorprendiéndolo sentado donde siempre-. Digo, mañana es el juicio, ¿no?- él agacha la cabeza y le responde
-Estoy…, me siento tan mal, que ni siquiera preguntaré cómo te enteraste.
-¿Qué harás?- acomodándose al lado.
-Pues ya no lo sé-elevando la mirada al cielo-, lo que sea que se dé.

sábado, 24 de octubre de 2009

MIÉRCOLES.

Se encuentra sentado sobre el respaldo de la banca que acostumbra. Mirando al suelo, ve unos zapatitos negros frente suyo, y al subir la vista
-¿Samuel?- con una sonrisa más bien tímida.
-Carmelia, hola…- se sienta a su lado.
-¿Cómo has estado?
-¿Yo? Bien, bien… Muchísimo mejor, a decir verdad.
-Se te nota- Sam abre los ojos tras un largo parpadeo, y la observa… Están tan cerca…- ¿Sabes, Samuel? –juega con sus dedos- Estaba pensando que quizás- Lo mira, y luego retira la vista, avergonzada- no sé…- él sigue mirándola fijamente y alza los brazos hacia ella sin que se dé cuenta-, nosotros…-entonces atrae abruptamente su cara, y la besa… Cuando sus labios se separan, ambos se quedan mirando a los ojos unos segundos…, y sonríen.


Ese día, y aquella tarde, fue rica e inmensamente feliz…, o al menos así se sintió. Había besado a Carmelia. Eso lógicamente debía alegrarle, e incrementar aún más el estado interno de euforia en el que se encontraba, pero… De pronto comprendió que no debió haberla besado… pues ese solo contacto, su calor, sus suaves labios, el roce… Le habían devuelto, sin quererlo ni darse cuenta, algo que creía perdido…, y que le vino como patada en el estómago, haciéndole desear vomitar…: Humanidad. Consciencia. Remordimiento.
Todos, fusionados, habían vuelto a su cabeza para atormentarle. Hacían que, de pronto, ya no quisiera seguir con su plan: Había decidido simplemente dejar que la inculparan injustamente; que se pudriera en la cárcel. ¿Cómo realizarlo? ¿Cómo llevarlo a cabo si repentinamente… le invadía la culpa?

miércoles, 14 de octubre de 2009

MARTES.

Radiante y sonriente debido a la nueva idea que se le había metido en la cabeza, el día de clases transcurre tranquilo y productivo. Al recreo se encuentra con su amigo, a quien saluda
-Hola, Carlos.- él, extrañado,
-¡Sam, hola! ¡Qué sorpresa el hallarte de tan buen humor! –“De hecho”, piensa, “es la primera vez, desde que lo conozco, que lo veo sonreír…” Y, reparando más en los detalles de su semblante…, “Pero tiene un algo… Se le ve mejor, y sin embargo, ¿por qué no me gusta su nuevo aspecto?”
-¿Ocurre algo? -pregunta Sam.
-¿Qué? No, nada- sonriendo incómodo.- “Tiene algo siniestro… Me pone nervioso…”

domingo, 4 de octubre de 2009

El funeral fue ese fin de semana. No podía explicar su descontento al verla llegar…: Carolina, la amante de su padre. O bueno… su ex amante; Ella, una de las primeras y principales causas del desmoronamiento que padeció su familia, ¿cómo se atrevía siquiera a aparecer allí? ¿A mostrar la cara? Con su madre presente…, claro que ella no la conocía. No sabía quién era…, ni tampoco le interesó demasiado averiguarlo.
A él sí le interesaba. Le afectaba de sobremanera que la verdad nunca se supiera. Todo, en realidad, había muerto con su padre…

Transcurrieron semanas, y creyó que todo, poco a poco, se había olvidado, cuando…
-¿Qué?- exclama Sam a su madre- ¿Un sospechoso?
-Sí…-decaída.

-¿Quién?

-Una tal Carolina Thompson…- Sam se desmorona. ¡No podía ser! ¡Ella! ¿Por qué debía ser ella?... Delatada por vecinas chismosas que la vieron repetidas veces con su padre, los cargos son el de homicidio premeditado y… No puede escuchar bien lo que le dice… Estaba…- ¿Por qué estás tan sorprendido?


El juicio sería el viernes por la mañana. Estaban recién a Lunes…, pronto Martes. Habría que esperar tres días más.

Momentos después, estaba sentado en su habitación, cuando de pronto vio la oportunidad, formando una plena y extensa sonrisa en su rostro… ¡Ya sabía lo que haría!
¡Era perfecto!

Como una revelación… ¡Casi como una iluminación!

jueves, 24 de septiembre de 2009

Cuando elevó la vista, sentado donde estaba, lo encontró.
-Steve, ¿qué…?

-Explícate- le increpa. Luego se sienta junto a él, y continúa- ¿No crees que…, que tu padre merecía una tumba más “digna”?

-¿Qué?- intentando mantener la calma- ¿De qué estás hablando?

-Y ahora lo niegas- replica Steve, con un rostro despectivo.

-…¿A qué te refieres? –Entonces él lo coge de los hombros y, zamarreándolo
-¡Me refiero a que lo sé, Carmington! ¡Lo sé todo! –Sam se levanta como disparado por un rayo, apartando de un golpe las manos de Steve.

-¡MIENTES! ¡¿Cómo podrías tener siquiera una idea?!- casi fuera de sí.

-¡Porque te vi!- “¡¿Qué?!”, exclama para sus adentros

-Espera un momento, entonces… ¡Tú fuiste quien movió el cadáver de su sitio!- apuntándolo.

-Pero qué lento… Así como tú, también suelo pasear de noche, y fue cuando te sorprendí. Me extrañó ver al “niñito bueno” tan tarde afuera. Quise averiguar qué era lo que tan sospechosamente ocultabas… y cuando vi el interior de la bolsa…- se detiene, evidenciándose el gran impacto que aquella visión le había ocasionado.

“No puede ser…”, pensaba Samuel, con la expresión de pánico más grande que pudiesen imaginar, transpirando…, “No puede ser…” ¿Cómo era posible que de pronto su vida estuviera en manos de su peor enemigo? Pero entonces interrumpe sus pensamientos.

-Mas no te preocupes… No te delataré.

Sam, cambiando visiblemente su semblante a uno de notable asombro

-¿Qué? Y eso, ¿por qué?

-Soy consciente de los problemas que tenías con tu padre… Tú me lo contaste, ¿no lo recuerdas?- mirándolo fijamente a los ojos- Cuando éramos amigos…- y dicho esto, se marcha, colocando su mano izquierda en una posición particular, uniendo los dedos medio y anular. Sam lo nota, y luego de esbozar una pequeña sonrisa, comenta para sí


-Entonces sí se acuerda…