A la mañana siguiente, no tenía fuerzas siquiera para despertar, o levantarse.
-¡Bien, señoritas!- grita un guardia- ¡A las duchas!
Y no era por razón obscena alguna, sino por el evidente golpe que acababa de recibir…
-¿Qué?- dirigiéndose a Samuel-, ¿acaso no me oíste?- Saca su luma y, al no ver reacción alguna en él, lo golpea- ¡De pie, AHORA!
Y antes de que pueda golpearlo de nuevo, Alex se interpone.
-¡Diablos, Clive, cálmate!
-Conoces las reglas, McGregor- replica él-, mejor dile a tu amigo que se apresure.
Alex se dirige a Samuel y lo sacude
-¿Qué demonios te sucede, Sam? Debes levantarte YA.
-Sí, ya voy…- responde, abriendo un ojo. Alex se extraña al descubrir que tiene un rasguño en el pómulo derecho-. Vamos.
Caminando por el pasillo,
-¿Qué te pasó en la cara?
-Nada importante- contesta Sam, cortante.
El uniforme que los encarcelados debían usar consistía en un pantalón que a Samuel le quedaba holgado, una polera blanca y encima una camisa del mismo material y color que el pantalón. Una vez en las duchas, al quitarse la camisa, Alex se percata de las manchas en la polera de Sam.
-Tienes rojo también ahí, ¿qué ocurre?- y él, mirando al piso, responde
-Es difícil de explicar…
Ya desnudos y todos en las duchas, Samuel deja ver un cuerpo completamente arañado, de cabeza a pies, bajo la mirada preocupada de su compañero…, “¿Qué rayos le había pasado?”
domingo, 10 de enero de 2010
viernes, 1 de enero de 2010
Maldita sea… ¡No podía creerlo! ¿Realmente pasaría? ¿A él? ¿Esto? ¡¿A él?!
-¿Samuel? ¿Qué sucede?
-¿Quién es él, Alex?- apuntando al tipo que acabara de marcharse con la mirada.
-Se llama Gaspar. El apellido no lo tengo claro, pero puedo asegurarte que es un imbécil… Está pronto a cumplir los 18. No es un sujeto con el cual sea buena idea entrometerse, y siempre se acompaña de su colega, Chris. Esperemos no te haya echado el ojo- Demasiado tarde-. ¿Sam?... ¿Samuel?
Y, antes de darse cuenta siquiera, había anochecido, y habían enviado a todos los reos a sus celdas, incluidos ellos. Estaba tan asustado…
Acostado en su cama, sin poder conciliar el sueño, cuando
-Hey… Samuel…- oye a sus espaldas. Se incorpora y voltea rápidamente, antes de petrificarse al ver a Gaspar junto a su compañero-. Ya es hora.
-¿Samuel? ¿Qué sucede?
-¿Quién es él, Alex?- apuntando al tipo que acabara de marcharse con la mirada.
-Se llama Gaspar. El apellido no lo tengo claro, pero puedo asegurarte que es un imbécil… Está pronto a cumplir los 18. No es un sujeto con el cual sea buena idea entrometerse, y siempre se acompaña de su colega, Chris. Esperemos no te haya echado el ojo- Demasiado tarde-. ¿Sam?... ¿Samuel?
Y, antes de darse cuenta siquiera, había anochecido, y habían enviado a todos los reos a sus celdas, incluidos ellos. Estaba tan asustado…
Acostado en su cama, sin poder conciliar el sueño, cuando
-Hey… Samuel…- oye a sus espaldas. Se incorpora y voltea rápidamente, antes de petrificarse al ver a Gaspar junto a su compañero-. Ya es hora.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
-Y yo me temo… que me niego.- entonces lo suelta y, enderezándose
-Mmm… Es una lástima. Digo, para tu hermana.- Sam, levantándose, queda helado.
-¿De qué hablas?- aún dándole la espalda.
-De que si te niegas, prácticamente la estarás matando. ¡Le haremos lo que queramos!- “Aralia…”, piensa Sam. Pero luego
-¡Mientes!- sonriendo repentinamente.
-¿Perdón?- pregunta el otro, extrañado.
-Digo que no tienes forma de saber NADA sobre mí- volteando hacia él, a la vez que sonríe nerviosamente-, ni mucho menos hacer NADA desde aquí, encerrado…- pero él responde, eliminando instantáneamente de su rostro la sonrisa.
-Tengo mis fuentes, Samuel- mirándose las uñas, para luego sonreírle-… y contactos.
Samuel suda frío… ¡Lo intentó!, pero… no pudo.
Aralia… Habían alcanzado su punto débil. Su pequeña hermanita, a quien quería, amaba tanto… Si algo le pasaba, simplemente no podría con la culpa. Él… tendría que sacrificarse.
-Nos vemos a la noche, “dulzura”- se despide el sujeto, burlesco.
-Mmm… Es una lástima. Digo, para tu hermana.- Sam, levantándose, queda helado.
-¿De qué hablas?- aún dándole la espalda.
-De que si te niegas, prácticamente la estarás matando. ¡Le haremos lo que queramos!- “Aralia…”, piensa Sam. Pero luego
-¡Mientes!- sonriendo repentinamente.
-¿Perdón?- pregunta el otro, extrañado.
-Digo que no tienes forma de saber NADA sobre mí- volteando hacia él, a la vez que sonríe nerviosamente-, ni mucho menos hacer NADA desde aquí, encerrado…- pero él responde, eliminando instantáneamente de su rostro la sonrisa.
-Tengo mis fuentes, Samuel- mirándose las uñas, para luego sonreírle-… y contactos.
Samuel suda frío… ¡Lo intentó!, pero… no pudo.
Aralia… Habían alcanzado su punto débil. Su pequeña hermanita, a quien quería, amaba tanto… Si algo le pasaba, simplemente no podría con la culpa. Él… tendría que sacrificarse.
-Nos vemos a la noche, “dulzura”- se despide el sujeto, burlesco.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Lamentablemente no hubo mucho que pudiera hacer… ¡Lo intentó! Pero…
-¡Oye, tú!- voltea hacia donde le llaman.
Se encontraba tranquilamente sentado en un banquillo, en el área de los comedores, cuando estos dos sujetos se le acercan, amenazantes.
-Con mi amigo venimos a hacerte una pequeña propuesta- sonriendo maliciosamente-; queremos reunirnos contigo esta noche, y darte la bienvenida que corresponde, conocernos mejor- entrecerrando los ojos-… si sabes a lo que me refiero.
Quien hablaba tenía un carácter dominante: de cabellera larga y uñas afiladas, se acompañaba de un hipopótamo calvo. Sam de levanta y retrocede
-¡Ja! ¿Qué te hace pensar que aceptaría? ¡De ninguna manera, maldito pervertido!
Mas tras esta “insolencia”, el sujeto calvo se adelanta y le propina un feroz golpe en la mejilla que lo arroja al piso. Luego el primero se arrodilla junto a él y, jalándole del cabello, y con eso su cabeza hacia atrás, replica
-Me temo que no es una pregunta.
-¡Oye, tú!- voltea hacia donde le llaman.
Se encontraba tranquilamente sentado en un banquillo, en el área de los comedores, cuando estos dos sujetos se le acercan, amenazantes.
-Con mi amigo venimos a hacerte una pequeña propuesta- sonriendo maliciosamente-; queremos reunirnos contigo esta noche, y darte la bienvenida que corresponde, conocernos mejor- entrecerrando los ojos-… si sabes a lo que me refiero.
Quien hablaba tenía un carácter dominante: de cabellera larga y uñas afiladas, se acompañaba de un hipopótamo calvo. Sam de levanta y retrocede
-¡Ja! ¿Qué te hace pensar que aceptaría? ¡De ninguna manera, maldito pervertido!
Mas tras esta “insolencia”, el sujeto calvo se adelanta y le propina un feroz golpe en la mejilla que lo arroja al piso. Luego el primero se arrodilla junto a él y, jalándole del cabello, y con eso su cabeza hacia atrás, replica
-Me temo que no es una pregunta.
jueves, 26 de noviembre de 2009
Lo enviaron a uno de aquellos reformatorios, correccionales o como fuera que se llamasen… Él lo denominaba de una sola forma: El Purgatorio.
Echó un vistazo general al entrar. Las cosas no serían nada agradables; eso era seguro.
Cuando entró a la que dijeron era su celda, se sentó en el camarote inferior, y tomándose la cabeza con las manos, al tiempo que apoyaba los codos sobre las rodillas, exhaló un
-¿Qué he… hecho?
-Lo mismo me pregunto yo- respondió una voz, sorprendiéndolo. Levantó la vista hacia el camarote sobre él, y ahí estaba: un joven observándole de vuelta y que, en un movimiento ágil, bajó y se paró a su lado, apoyando el cuerpo en el pilar de la cama.
-Prefiero no hablar de eso- dijo Sam, dirigiendo la mirada al piso.
-Como quieras- acotó el desconocido con la sola intención de crear una conversación y, extendiéndole una mano, dijo-. Soy Alex.
-Samuel- estrechan manos.
-Un gusto.
-Las circunstancias no son tales como para, francamente, decir lo mismo. Lo siento- soltándose.
-Sí, comprendo- responde, amigable. Luego frunce el ceño y, dándose cuenta de su naturaleza, le previene:-. Mira, te lo diré sin rodeos. Este lugar es muy similar a una simple escuela, en cuanto a variedad de gente: habrá gente agradable, los más pocos, y/o abusivos; puedes hallar cualquier cosa por aquí, te lo advierto. Más vale tener cuidado, y como eres nuevo, más tú que nadie- Poco a poco la cara de Sam va transformándose, adquiriendo miedo-… Y por supuesto, de más está decir que depravados hay por doquier, en busca de “carne fresca”…
-¿Qué debo hacer?- pregunta angustiado, a lo que Alex responde con algo que lo petrifica:
-Cuidar tu trasero- dándole una palmada en el hombro.
Echó un vistazo general al entrar. Las cosas no serían nada agradables; eso era seguro.
Cuando entró a la que dijeron era su celda, se sentó en el camarote inferior, y tomándose la cabeza con las manos, al tiempo que apoyaba los codos sobre las rodillas, exhaló un
-¿Qué he… hecho?
-Lo mismo me pregunto yo- respondió una voz, sorprendiéndolo. Levantó la vista hacia el camarote sobre él, y ahí estaba: un joven observándole de vuelta y que, en un movimiento ágil, bajó y se paró a su lado, apoyando el cuerpo en el pilar de la cama.
-Prefiero no hablar de eso- dijo Sam, dirigiendo la mirada al piso.
-Como quieras- acotó el desconocido con la sola intención de crear una conversación y, extendiéndole una mano, dijo-. Soy Alex.
-Samuel- estrechan manos.
-Un gusto.
-Las circunstancias no son tales como para, francamente, decir lo mismo. Lo siento- soltándose.
-Sí, comprendo- responde, amigable. Luego frunce el ceño y, dándose cuenta de su naturaleza, le previene:-. Mira, te lo diré sin rodeos. Este lugar es muy similar a una simple escuela, en cuanto a variedad de gente: habrá gente agradable, los más pocos, y/o abusivos; puedes hallar cualquier cosa por aquí, te lo advierto. Más vale tener cuidado, y como eres nuevo, más tú que nadie- Poco a poco la cara de Sam va transformándose, adquiriendo miedo-… Y por supuesto, de más está decir que depravados hay por doquier, en busca de “carne fresca”…
-¿Qué debo hacer?- pregunta angustiado, a lo que Alex responde con algo que lo petrifica:
-Cuidar tu trasero- dándole una palmada en el hombro.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Al día siguiente, Sam se arreglaba la corbata frente al espejo y se colocaba el saco encima. Estaba claro que no iría a la escuela. Debía estar allí; tenía que.Y, una vez allá, la gente comenzó a llegar… Él no pudo entrar.
No podía dejar de pensar en todas las posibilidades, todas las puertas abiertas o medio cerradas frente a él: Podía librarse de ella para siempre, ¡podía enviarla a prisión! Pero sería tan injusto… Aunque también ella había sido injusta al meterse con su familia, ¡al arruinarle la vida!... ¿Qué debía hacer?
Finalmente se decidió a entrar en el preciso momento en que se anunciaba el veredicto…, y la condena.
-Se le declara culpable, y deberá pasar 15 años en prisión- dijo el Juez, al tiempo que golpeaba el mesón con su mazo.
¿Debía acaso sacarla de allí? ¿Salvarla de ser inculpada por algo que NO hizo? ¡De todos modos cometió un crimen!, pero…
-¡ALTO!- Gritó. Fue entonces cuando todas las miradas voltearon hacia la figura en la entrada. Se dio cuenta de que era un momento crucial… y temblaba-. Ella… ella no lo hizo- Tanto su madre como la amante del muerto quedaron atónitas, y lo miraban atentamente-… Yo lo maté. ¡Yo maté a mi padre!
-¿Qué?- exclamó Aralia, mientras su madre pensaba en voz alta
-¡Yo estaba en lo cierto!
Un par de oficiales se acercaron a Samuel y, cogiéndolo de los hombros y brazos, sacaron unas esposas.
-Vendrás con nosotros.
Aralia zarandeaba a su mamá, gritándole que no dejara que se lo llevaran, pero ella seguía sumergida, perdida en sus pensamientos, sin poder dejar de repetir, “…Tenía razón”.
A partir de ese momento, todo lo que aún quedaba en pie, caería… Todo lo que conocía cambiaría. La tortura…, la pesadilla comenzaría. Y lanzando una dolorosa mirada al vacío, se dejó llevar a lo que creía merecía.
martes, 3 de noviembre de 2009
JUEVES.Sólo faltaba un día para el juicio. No podía esperarlo, ¡no sabría enfrentarlo! Nuevamente se sentía… enfermo.
Caminando por los pasillos de la escuela, Carlos sale a su encuentro.
-¡Hola, Sam! ¿Cómo…?- pero sin prestarle atención o verlo siquiera, Samuel pasa a su lado, y sigue de largo. Carlos voltea y piensa, “Pero qué voluble, ¿qué le ocurrirá hoy?”, mientras Sam se aleja.
-¿Nervioso?- lo aborda Steve, sorprendiéndolo sentado donde siempre-. Digo, mañana es el juicio, ¿no?- él agacha la cabeza y le responde
-Estoy…, me siento tan mal, que ni siquiera preguntaré cómo te enteraste.
-¿Qué harás?- acomodándose al lado.
-Pues ya no lo sé-elevando la mirada al cielo-, lo que sea que se dé.
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