martes, 27 de abril de 2010

Pasaron un par de semanas en las que Sam asistió cada día, por obligación, al psicólogo. Éste lo derivó a una psiquiatra, quien le recetó mil y un tipos de litio y antidepresivos combinados a la vez con calmantes que no le hacían nada. No había cambio alguno. Pero como todos estos psico-médicos siempre creen tener la razón y saberlo todo, insistieron con el tratamiento. Cuando comenzó a tener ataques de pánico y a perder el control sobre sus actos más seguido, se convencieron de que algo andaba mal con él; algo más allá de un simple delincuente común, simple trastorno, o simple maldad.
Fue entonces que, transcurridas cinco semanas, Samuel fue trasladado al psiquiátrico.



-No quiero convertirme en una mala persona… Yo no soy una mala persona. -“…Por ahora”. El doctor arquea una ceja.
-¿Cómo dices?
-Yo no quise hacerlo…, no quise matarlo.
-Yo no creo que seas una mala persona, Samuel- dice el doctor-…, sólo necesitas ayuda. Y aquí vamos a dártela.

jueves, 15 de abril de 2010

A la mañana siguiente, se encuentra sentado en una silla, frente a un escritorio. Tras el mismo hay un hombre observándole, con los dedos entrecruzados y los codos sobre el mueble. La placa sobre él dice “Dr. Fisher”. Sam comienza a juguetear con unas canicas de metal que, al impulsarse, chocan entre sí hasta que, transcurridos 15min de silencio, se miran.
-¿Qué pasa?- inicia el doctor.
-Nada.
-¿Cuarenta y cinco cortes en los brazos no son nada?
-No me pasa nada.
-De ser ése el caso, no estarías aquí. ¿Sabes por qué estás aquí?
-No…
-Te encerraron por asesinar a tu padre- a Sam le da un tic en un ojo-, y luego intentar suicidarte. Sin mencionar tu agresivo comportamiento de ayer. ¿Aún piensas que no pasa nada?
-…
-¿Hay algo de lo que quieras hablar?
-…No.
Transcurrieron 45 largos minutos, hasta que la hora de atención acabó. Sam no había exhalado más que monosílabos y respondido con puntos suspensivos…, nada. En definitiva, NADA.


-¿Cómo te sientes hoy?
-No hay diferencia alguna. Estoy bien.
-Iluso. Si estuvieras bien, yo no estaría aquí.

miércoles, 7 de abril de 2010

Pasado el inicial momento de la emoción y los saludos, Steve pregunta:
-¿Y cómo has estado?- pero Sam guarda silencio y, adoptando un carácter más serio, responde con otra pregunta, llena de angustia.
-Steve… ¿Cómo está mi madre?
-Lamento decírtelo, Samuel, pero… no creo que esté bien. No ha salido de la casa…
-…¿Y Aralia?
-No, de ella no te preocupes. Está un poco alterada, pero sólo eso… Quiere saber cómo estás.
Sam lo piensa un poco antes de hablar, y
-Dile que… que no se preocupe- fingiendo una sonrisa -. Que estoy bien- pero Steve se ha percatado de los vendajes en sus manos, comenzando a asomarse por las mangas de su camisa -… perfectamente bien.
-Samuel… ¿Qué te ocurrió en los brazos? ¿Por qué las vendas?
Con esta pregunta, su semblante cambia por completo. Abre desmesuradamente los ojos, y se queda unos momentos mirando al vacío, con millones de pensamientos revolviéndose en su mente, y haciéndole zumbar los oídos.
-Yo…- se le dificulta mucho articular palabra.
-Sam, ¿qué pasa?- Steve comienza a preocuparse, observando a su amigo a través del vidrio.
-…tuve. Yo tenía que.
-¿Tenías que qué, Samuel? ¿Qué te sucede? –cada vez más alarmado. Hasta que de pronto, de manera increíblemente súbita y repentina, Sam entra en una especie de frenesí y, poniéndose de pie y golpeando con una mano la mesa, se pone a gritar, fuera de sí…, como poseído.
-¡YO TENÍA QUE HACERLO! ¡NO HABÍA OTRA SALIDA! ¡ERA MI ÚNICA, LA ÚNICA OPCIÓN! ¡NO HABÍA NADA QUE HACER! ¡TENÍA QUE HACERLO ANTES DE QUE VOLVIERAN, OTRA VEZ! ¡TENÍA QUE HACERLO! ¡¡TUVE QUE HACERLO!! ¡¡TÚ NO ENTIENDES!! ¡NADIE LO ENTIENDE! ¡ESTABA DESESPERADO! ¡TENÍA QUE HACERLO! ¡TENÍA QUE HACERLO! ¡¡ME HICIERON HACERLO!!- arrojando el auricular lejos, y corriendo fuera de la estancia, dejando a Steve sobrepasando el límite de la perplejidad, y el miedo.
Sam sigue corriendo a través de los pasillos hasta llegar a uno de los patios, donde se oculta bajo una banca y se abraza las rodillas…

domingo, 28 de marzo de 2010

Nuevamente tendido en su camarote, lentamente despierta para sentir el punzante, ardiente dolor en su columna. Se retuerce e incorpora.
-¡Mi espalda!- sobándose-. ¿Qué pasó?
-¿Realmente lo quieres saber?- Sam escucha unos suaves aplausos provenientes de Alex que, acto seguido, le lanza un pañuelo para que limpie toda la sangre que tiene encima.- Te aplaudo, Samuel- apoyado en una pared-, lo que hiciste me dejó… con la boca abierta- Sam retira los parches de su rostro, ya inservibles -. Pero me preocupas.
Luego observa sus manos, cubiertas de sangre seca, extrañado.
-¿De quién es esta sangre? ¿También mía?- pero no hay heridas.
-¡Caramba! ¡Sí que no te acuerdas de nada!- exclama Alex, emocionado.- Esa sangre no es sino de Cristóbal.
-¿Cristóbal?
-Ya sabes, el tipo gordo que acompaña a Gaspar- continúa Alex, sin salir de su entusiasmo. Entonces todo retorna a la memoria de Sam, y comienza a sentirse terrible.- Y déjame decirte, Samuel, que estuviste ¡increíble! Ya era hora de que alguien los colocara en su lugar…- entonces, cambiando la que tenía por una expresión de protección- Pero fuera de eso, de todos modos me preocupas. No eras tú en esos momentos- Sam observa sus manos, con vergüenza.-… Te convertiste en un completo y brutal animal… ¡casi asesino! Pero puedo ver que no eres así en realidad…- mirándolo fijamente, escrutador- Simplemente no eras tú, ¿me equivoco?
Es entonces cuando aparece el guardia.
-Carmington, visitas.- queda atónito. Al irse retirando, Alex le comenta
-Ahora sólo tendrás que soportar un poco más el dolor de espalda… Los choques que te dieron dejaron feas quemaduras.
Sam voltea a mirarlo, y le sonríe, levantando el pulgar de la mano izquierda, en buena señal.
Ya afuera, piensa. Visitas, ¿a él? ¿A quién se le había ocurrido ir a verlo? Mas fue la última persona en quien hubiera podido pensar, la que apareció. Y, aproximándose rápidamente, coge el teléfono de la cabina.
-¿Steve?

miércoles, 17 de marzo de 2010

Sam sigue sujeto de la pared, tocándose con una mano la boca, sangrante… El parche en su mejilla se encuentra manchado, y observa la sangre escurrir entre sus dedos… furioso. Se yergue, y mira a Gaspar, desafiante. Él provoca
-¿Qué? ¿Qué piensas hacer al respecto?
Samuel, sonriente, coloca una mano sobre el hombro de Gaspar.
-¿Qué qué pienso hacer al respecto?
A los pocos segundos había deslizado la mano hasta la de Gaspar, torciéndole el brazo hacia atrás, y él grita
-¡Atácalo, maldita sea, Chris!- el aludido se prepara a lanzarse sobre Sam para darle un golpe con el puño, pero él lo detiene y, haciendo los movimientos correctos, le fractura la muñeca, ocasionándole una mueca de intenso dolor.
-¿Qué está pasando aquí?- piensa Alex. Está anonadado, no puede creer lo que ve-. ¡Es sorprendente!
Inmediatamente Sam devuelve el golpe, derribándolo y subiéndosele encima, tras lo que comienza a pegarle ininterrumpidamente.
-¡Samuel, detente!- pero no escucha- ¡Lo vas a matar!
Sam responde para sí, “¿Y qué?”, pero a los segundos siente el choque en su espalda que lo deja casi instantáneamente inconsciente.

viernes, 5 de marzo de 2010

Se incorporó rápidamente en la cama que estaba, sintiendo un inmediato resentimiento en todo el cuerpo por el esfuerzo indebido.
Vio que sus brazos estaban vendados hasta el codo y, retirándose el oxígeno de la nariz, se preguntó, “¿Qué… demonios?”. Hasta que, de golpe, todo volvió a su memoria, y desesperó.
“Estoy… ¿VIVO? ¡¿Cómo pasó?!”
Es entonces cuando entra un oficial al cuarto de hospital donde se encontraba.
-Ya despertaste- y, cogiéndolo del cuello de la bata, lo jala-. ¡Andando!

Y así fue como pronto estuvo de vuelta en el “Purgatorio”… Le pareció incluso peor que la primera vez.
Todos al interior ya se habían enterado del incidente, y le miraban con cara de pocos amigos. Sólo Alex corre hacia él al verlo.
-¡Sam!-cogiéndolo de los hombros-, ¿estás bien?¿Qué ocurrió?- preocupado. Pero él sólo se limitó a responder, con el alma ida.
-Nada… importante.
Y, casi inmediatamente, recibe un puñetazo en la mejilla derecha, que lo deja contra la pared. Alex se encoleriza.
-¡¿Qué demonios les sucede ahora?!
Es Gaspar que, quizás igual o más enojado, reclama
-Ese idiota- el idiota es Sam-… ¡Por culpa de ese idiota confiscaron todas nuestras armas, las que teníamos ocultas! ¡Y las va a pagar!

lunes, 22 de febrero de 2010

-Samuel, ¿qué haces? ¡Suelta eso!- pero él ha adoptado una expresión que borda en el descontrol, inmerso repentinamente dentro de sí mismo.
-No…- acariciando el filo con un dedo-, ahoras vas a callarte. ¡CÁLLATE!
-Tranquilízate- intentando avanzar hacia él, con las manos expuestas-, ten calma, por favor. ¿Qué piensas hacer?
Sam comienza a arremangarse la camisa, y con la misma expresión medio lunática responde
-Matarme, elementalmente… Debo acabar con todo esto.
-¡No, Sam, no, no lo hagas!- entonces Sam cae preso de ira, y exclama
-¡DIJE QUE TE CALLARAS!- colocando el cuchillo en su muñeca izquierda- ¡TODOS SE IRÁN AL INFIERNO!- desliza. Hay un breve segundo en que el tiempo pareciera congelarse, pudiendo ver la sangre saltar desde su muñeca, con Alex paralizado por la impresión. Coloca entonces el cuchillo en la otra muñeca-, ¡TODOS DE MÍ DESPUÉS!
“¡Se ha vuelto loco!”, exclama Alex para sus adentros.
Se cortaba repetitiva y profundamente en ambos brazos, comenzando a reír de manera estruendosa…, hasta que la pérdida de sangre fue demasiada. Cae apoyando su espalda contra el muro tras él, y su respiración, agitada, se fue entrecortando…
Estaba aún más pálido de lo normal. El eco del silencio repercutía en sus oídos, permitiéndole inclusive escuchar la propia sangre correr… Y el golpeteo metálico de las rejas, agitadas por Alex…, que gritaba.

sábado, 30 de enero de 2010

De vuelta en la celda, y recostado sobre el camarote, Samuel de a poco va recuperando la conciencia.
-Samuel…- oye a lo lejos-, Samuel…- va abriendo los ojos-… ¡SAMUEL!- termina de llamar Alex. Samuel acaba de reaccionar, y se levanta abruptamente.
-¿Qué ocurrió? ¿Dónde está…?
-Calma, Samuel. Estás a salvo.
-No, no lo estoy- se tira de espaldas nuevamente a la cama, tapándose el rostro con ambas manos-. Oh, dios mío…
Y nunca más lo estaría.
El agobio… Aquella noche ni dormir podía, y se balanceaba sentado sobre su cama, abrazándose las rodillas, mirando al vacío…
-Samuel…-masculla Alex, somnoliento, asomándose desde arriba-, ¿qué haces despierto a esta hora?- Él le dirige primero una mirada triste, para luego encerrarse nuevamente en sí mismo, frunciendo el ceño. Alex baja y se sienta a su lado, intentando calmarlo. Pero las imágenes daban vueltas y vueltas en su cabeza… No sabía qué hacer…- Debieras tratar de dormir un poco. Sé que probablemente te sientes mal, pero…- Y cuando un objeto brillante llamó su atención, de pronto… lo supo.
Se levantó de un brinco y se dirigió a aquello.
-¡Hey! ¿Dónde vas?
Alex lo ve agacharse para luego levantarse… sosteniendo un afilado cuchillo entre las manos. Se asusta.

miércoles, 20 de enero de 2010

Nuevamente sentado en el lugar donde había comenzado, creyó podría estar tranquilo ahora… Pero ya sabemos, a estas alturas, que eso es prácticamente imposible, así que
-Hola, Samuel.- un muchacho rubio de peinado pseudo-alternativo se sienta a su lado, con Sam dirigiéndole una mirada expectante, no sabiendo a qué atenerse. Entonces el muchacho se aproxima más a él y, sacando la lengua, le lame todo el costado izquierdo de la cara. Sam casi explota de rabia, y se aparta bruscamente
-¡¿Qué diablos te pasa?!- y antes de prevenirlo, un par de manos le cogen el cuello y lo aprisionan contra la pared. Las manos pertenecen a Gaspar.
-¿Qué ocurre, Samuel?-ironiza- ¿No nos das más cariño?- tirándole besos. Sam no puede respirar, y poco a poco se asfixia. Intenta forcejear, pero pierde el conocimiento. Y de pronto…
-¡SUÉLTALO!- Se oye, estruendosa, la orden. Es Alex. Gaspar le libera, y Sam cae como saco de papas al suelo. Entonces, como lavándose las manos, Gaspar las alza, mientras comienza a alejarse.
-Nah… Ya nos íbamos, de todas maneras…
-¡Ya, lárguense!- los amedrenta-, ¡y más vale que esté vivo!- se arrodilla junto a Sam y lo levanta.

domingo, 10 de enero de 2010

A la mañana siguiente, no tenía fuerzas siquiera para despertar, o levantarse.
-¡Bien, señoritas!- grita un guardia- ¡A las duchas!
Y no era por razón obscena alguna, sino por el evidente golpe que acababa de recibir…
-¿Qué?- dirigiéndose a Samuel-, ¿acaso no me oíste?- Saca su luma y, al no ver reacción alguna en él, lo golpea- ¡De pie, AHORA!
Y antes de que pueda golpearlo de nuevo, Alex se interpone.
-¡Diablos, Clive, cálmate!
-Conoces las reglas, McGregor- replica él-, mejor dile a tu amigo que se apresure.
Alex se dirige a Samuel y lo sacude
-¿Qué demonios te sucede, Sam? Debes levantarte YA.
-Sí, ya voy…- responde, abriendo un ojo. Alex se extraña al descubrir que tiene un rasguño en el pómulo derecho-. Vamos.
Caminando por el pasillo,
-¿Qué te pasó en la cara?
-Nada importante- contesta Sam, cortante.
El uniforme que los encarcelados debían usar consistía en un pantalón que a Samuel le quedaba holgado, una polera blanca y encima una camisa del mismo material y color que el pantalón. Una vez en las duchas, al quitarse la camisa, Alex se percata de las manchas en la polera de Sam.
-Tienes rojo también ahí, ¿qué ocurre?- y él, mirando al piso, responde
-Es difícil de explicar…
Ya desnudos y todos en las duchas, Samuel deja ver un cuerpo completamente arañado, de cabeza a pies, bajo la mirada preocupada de su compañero…, “¿Qué rayos le había pasado?”

viernes, 1 de enero de 2010

Maldita sea… ¡No podía creerlo! ¿Realmente pasaría? ¿A él? ¿Esto? ¡¿A él?!
-¿Samuel? ¿Qué sucede?
-¿Quién es él, Alex?- apuntando al tipo que acabara de marcharse con la mirada.
-Se llama Gaspar. El apellido no lo tengo claro, pero puedo asegurarte que es un imbécil… Está pronto a cumplir los 18. No es un sujeto con el cual sea buena idea entrometerse, y siempre se acompaña de su colega, Chris. Esperemos no te haya echado el ojo- Demasiado tarde-. ¿Sam?... ¿Samuel?


Y, antes de darse cuenta siquiera, había anochecido, y habían enviado a todos los reos a sus celdas, incluidos ellos. Estaba tan asustado…
Acostado en su cama, sin poder conciliar el sueño, cuando
-Hey… Samuel…- oye a sus espaldas. Se incorpora y voltea rápidamente, antes de petrificarse al ver a Gaspar junto a su compañero-. Ya es hora.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

-Y yo me temo… que me niego.- entonces lo suelta y, enderezándose
-Mmm… Es una lástima. Digo, para tu hermana.- Sam, levantándose, queda helado.
-¿De qué hablas?- aún dándole la espalda.
-De que si te niegas, prácticamente la estarás matando. ¡Le haremos lo que queramos!- “Aralia…”, piensa Sam. Pero luego
-¡Mientes!- sonriendo repentinamente.
-¿Perdón?- pregunta el otro, extrañado.
-Digo que no tienes forma de saber NADA sobre mí- volteando hacia él, a la vez que sonríe nerviosamente-, ni mucho menos hacer NADA desde aquí, encerrado…- pero él responde, eliminando instantáneamente de su rostro la sonrisa.
-Tengo mis fuentes, Samuel- mirándose las uñas, para luego sonreírle-… y contactos.

Samuel suda frío… ¡Lo intentó!, pero… no pudo.
Aralia… Habían alcanzado su punto débil. Su pequeña hermanita, a quien quería, amaba tanto… Si algo le pasaba, simplemente no podría con la culpa. Él… tendría que sacrificarse.
-Nos vemos a la noche, “dulzura”- se despide el sujeto, burlesco.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Lamentablemente no hubo mucho que pudiera hacer… ¡Lo intentó! Pero…

-¡Oye, tú!- voltea hacia donde le llaman.
Se encontraba tranquilamente sentado en un banquillo, en el área de los comedores, cuando estos dos sujetos se le acercan, amenazantes.
-Con mi amigo venimos a hacerte una pequeña propuesta- sonriendo maliciosamente-; queremos reunirnos contigo esta noche, y darte la bienvenida que corresponde, conocernos mejor- entrecerrando los ojos-… si sabes a lo que me refiero.
Quien hablaba tenía un carácter dominante: de cabellera larga y uñas afiladas, se acompañaba de un hipopótamo calvo. Sam de levanta y retrocede
-¡Ja! ¿Qué te hace pensar que aceptaría? ¡De ninguna manera, maldito pervertido!
Mas tras esta “insolencia”, el sujeto calvo se adelanta y le propina un feroz golpe en la mejilla que lo arroja al piso. Luego el primero se arrodilla junto a él y, jalándole del cabello, y con eso su cabeza hacia atrás, replica
-Me temo que no es una pregunta.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Lo enviaron a uno de aquellos reformatorios, correccionales o como fuera que se llamasen… Él lo denominaba de una sola forma: El Purgatorio.
Echó un vistazo general al entrar. Las cosas no serían nada agradables; eso era seguro.
Cuando entró a la que dijeron era su celda, se sentó en el camarote inferior, y tomándose la cabeza con las manos, al tiempo que apoyaba los codos sobre las rodillas, exhaló un
-¿Qué he… hecho?
-Lo mismo me pregunto yo- respondió una voz, sorprendiéndolo. Levantó la vista hacia el camarote sobre él, y ahí estaba: un joven observándole de vuelta y que, en un movimiento ágil, bajó y se paró a su lado, apoyando el cuerpo en el pilar de la cama.
-Prefiero no hablar de eso- dijo Sam, dirigiendo la mirada al piso.
-Como quieras- acotó el desconocido con la sola intención de crear una conversación y, extendiéndole una mano, dijo-. Soy Alex.
-Samuel- estrechan manos.
-Un gusto.
-Las circunstancias no son tales como para, francamente, decir lo mismo. Lo siento- soltándose.
-Sí, comprendo- responde, amigable. Luego frunce el ceño y, dándose cuenta de su naturaleza, le previene:-. Mira, te lo diré sin rodeos. Este lugar es muy similar a una simple escuela, en cuanto a variedad de gente: habrá gente agradable, los más pocos, y/o abusivos; puedes hallar cualquier cosa por aquí, te lo advierto. Más vale tener cuidado, y como eres nuevo, más tú que nadie- Poco a poco la cara de Sam va transformándose, adquiriendo miedo-… Y por supuesto, de más está decir que depravados hay por doquier, en busca de “carne fresca”…
-¿Qué debo hacer?- pregunta angustiado, a lo que Alex responde con algo que lo petrifica:
-Cuidar tu trasero- dándole una palmada en el hombro.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Al día siguiente, Sam se arreglaba la corbata frente al espejo y se colocaba el saco encima. Estaba claro que no iría a la escuela. Debía estar allí; tenía que.
Y, una vez allá, la gente comenzó a llegar… Él no pudo entrar.
No podía dejar de pensar en todas las posibilidades, todas las puertas abiertas o medio cerradas frente a él: Podía librarse de ella para siempre, ¡podía enviarla a prisión! Pero sería tan injusto… Aunque también ella había sido injusta al meterse con su familia, ¡al arruinarle la vida!... ¿Qué debía hacer?

Finalmente se decidió a entrar en el preciso momento en que se anunciaba el veredicto…, y la condena.
-Se le declara culpable, y deberá pasar 15 años en prisión- dijo el Juez, al tiempo que golpeaba el mesón con su mazo.
¿Debía acaso sacarla de allí? ¿Salvarla de ser inculpada por algo que NO hizo? ¡De todos modos cometió un crimen!, pero…
-¡ALTO!- Gritó. Fue entonces cuando todas las miradas voltearon hacia la figura en la entrada. Se dio cuenta de que era un momento crucial… y temblaba-. Ella… ella no lo hizo- Tanto su madre como la amante del muerto quedaron atónitas, y lo miraban atentamente-… Yo lo maté. ¡Yo maté a mi padre!
-¿Qué?- exclamó Aralia, mientras su madre pensaba en voz alta
-¡Yo estaba en lo cierto!
Un par de oficiales se acercaron a Samuel y, cogiéndolo de los hombros y brazos, sacaron unas esposas.
-Vendrás con nosotros.
Aralia zarandeaba a su mamá, gritándole que no dejara que se lo llevaran, pero ella seguía sumergida, perdida en sus pensamientos, sin poder dejar de repetir, “…Tenía razón”.

A partir de ese momento, todo lo que aún quedaba en pie, caería… Todo lo que conocía cambiaría. La tortura…, la pesadilla comenzaría. Y lanzando una dolorosa mirada al vacío, se dejó llevar a lo que creía merecía.

martes, 3 de noviembre de 2009

JUEVES.

Sólo faltaba un día para el juicio. No podía esperarlo, ¡no sabría enfrentarlo! Nuevamente se sentía… enfermo.
Caminando por los pasillos de la escuela, Carlos sale a su encuentro.
-¡Hola, Sam! ¿Cómo…?- pero sin prestarle atención o verlo siquiera, Samuel pasa a su lado, y sigue de largo. Carlos voltea y piensa, “Pero qué voluble, ¿qué le ocurrirá hoy?”, mientras Sam se aleja.



-¿Nervioso?- lo aborda Steve, sorprendiéndolo sentado donde siempre-. Digo, mañana es el juicio, ¿no?- él agacha la cabeza y le responde
-Estoy…, me siento tan mal, que ni siquiera preguntaré cómo te enteraste.
-¿Qué harás?- acomodándose al lado.
-Pues ya no lo sé-elevando la mirada al cielo-, lo que sea que se dé.

sábado, 24 de octubre de 2009

MIÉRCOLES.

Se encuentra sentado sobre el respaldo de la banca que acostumbra. Mirando al suelo, ve unos zapatitos negros frente suyo, y al subir la vista
-¿Samuel?- con una sonrisa más bien tímida.
-Carmelia, hola…- se sienta a su lado.
-¿Cómo has estado?
-¿Yo? Bien, bien… Muchísimo mejor, a decir verdad.
-Se te nota- Sam abre los ojos tras un largo parpadeo, y la observa… Están tan cerca…- ¿Sabes, Samuel? –juega con sus dedos- Estaba pensando que quizás- Lo mira, y luego retira la vista, avergonzada- no sé…- él sigue mirándola fijamente y alza los brazos hacia ella sin que se dé cuenta-, nosotros…-entonces atrae abruptamente su cara, y la besa… Cuando sus labios se separan, ambos se quedan mirando a los ojos unos segundos…, y sonríen.


Ese día, y aquella tarde, fue rica e inmensamente feliz…, o al menos así se sintió. Había besado a Carmelia. Eso lógicamente debía alegrarle, e incrementar aún más el estado interno de euforia en el que se encontraba, pero… De pronto comprendió que no debió haberla besado… pues ese solo contacto, su calor, sus suaves labios, el roce… Le habían devuelto, sin quererlo ni darse cuenta, algo que creía perdido…, y que le vino como patada en el estómago, haciéndole desear vomitar…: Humanidad. Consciencia. Remordimiento.
Todos, fusionados, habían vuelto a su cabeza para atormentarle. Hacían que, de pronto, ya no quisiera seguir con su plan: Había decidido simplemente dejar que la inculparan injustamente; que se pudriera en la cárcel. ¿Cómo realizarlo? ¿Cómo llevarlo a cabo si repentinamente… le invadía la culpa?

miércoles, 14 de octubre de 2009

MARTES.

Radiante y sonriente debido a la nueva idea que se le había metido en la cabeza, el día de clases transcurre tranquilo y productivo. Al recreo se encuentra con su amigo, a quien saluda
-Hola, Carlos.- él, extrañado,
-¡Sam, hola! ¡Qué sorpresa el hallarte de tan buen humor! –“De hecho”, piensa, “es la primera vez, desde que lo conozco, que lo veo sonreír…” Y, reparando más en los detalles de su semblante…, “Pero tiene un algo… Se le ve mejor, y sin embargo, ¿por qué no me gusta su nuevo aspecto?”
-¿Ocurre algo? -pregunta Sam.
-¿Qué? No, nada- sonriendo incómodo.- “Tiene algo siniestro… Me pone nervioso…”

domingo, 4 de octubre de 2009

El funeral fue ese fin de semana. No podía explicar su descontento al verla llegar…: Carolina, la amante de su padre. O bueno… su ex amante; Ella, una de las primeras y principales causas del desmoronamiento que padeció su familia, ¿cómo se atrevía siquiera a aparecer allí? ¿A mostrar la cara? Con su madre presente…, claro que ella no la conocía. No sabía quién era…, ni tampoco le interesó demasiado averiguarlo.
A él sí le interesaba. Le afectaba de sobremanera que la verdad nunca se supiera. Todo, en realidad, había muerto con su padre…

Transcurrieron semanas, y creyó que todo, poco a poco, se había olvidado, cuando…
-¿Qué?- exclama Sam a su madre- ¿Un sospechoso?
-Sí…-decaída.

-¿Quién?

-Una tal Carolina Thompson…- Sam se desmorona. ¡No podía ser! ¡Ella! ¿Por qué debía ser ella?... Delatada por vecinas chismosas que la vieron repetidas veces con su padre, los cargos son el de homicidio premeditado y… No puede escuchar bien lo que le dice… Estaba…- ¿Por qué estás tan sorprendido?


El juicio sería el viernes por la mañana. Estaban recién a Lunes…, pronto Martes. Habría que esperar tres días más.

Momentos después, estaba sentado en su habitación, cuando de pronto vio la oportunidad, formando una plena y extensa sonrisa en su rostro… ¡Ya sabía lo que haría!
¡Era perfecto!

Como una revelación… ¡Casi como una iluminación!

jueves, 24 de septiembre de 2009

Cuando elevó la vista, sentado donde estaba, lo encontró.
-Steve, ¿qué…?

-Explícate- le increpa. Luego se sienta junto a él, y continúa- ¿No crees que…, que tu padre merecía una tumba más “digna”?

-¿Qué?- intentando mantener la calma- ¿De qué estás hablando?

-Y ahora lo niegas- replica Steve, con un rostro despectivo.

-…¿A qué te refieres? –Entonces él lo coge de los hombros y, zamarreándolo
-¡Me refiero a que lo sé, Carmington! ¡Lo sé todo! –Sam se levanta como disparado por un rayo, apartando de un golpe las manos de Steve.

-¡MIENTES! ¡¿Cómo podrías tener siquiera una idea?!- casi fuera de sí.

-¡Porque te vi!- “¡¿Qué?!”, exclama para sus adentros

-Espera un momento, entonces… ¡Tú fuiste quien movió el cadáver de su sitio!- apuntándolo.

-Pero qué lento… Así como tú, también suelo pasear de noche, y fue cuando te sorprendí. Me extrañó ver al “niñito bueno” tan tarde afuera. Quise averiguar qué era lo que tan sospechosamente ocultabas… y cuando vi el interior de la bolsa…- se detiene, evidenciándose el gran impacto que aquella visión le había ocasionado.

“No puede ser…”, pensaba Samuel, con la expresión de pánico más grande que pudiesen imaginar, transpirando…, “No puede ser…” ¿Cómo era posible que de pronto su vida estuviera en manos de su peor enemigo? Pero entonces interrumpe sus pensamientos.

-Mas no te preocupes… No te delataré.

Sam, cambiando visiblemente su semblante a uno de notable asombro

-¿Qué? Y eso, ¿por qué?

-Soy consciente de los problemas que tenías con tu padre… Tú me lo contaste, ¿no lo recuerdas?- mirándolo fijamente a los ojos- Cuando éramos amigos…- y dicho esto, se marcha, colocando su mano izquierda en una posición particular, uniendo los dedos medio y anular. Sam lo nota, y luego de esbozar una pequeña sonrisa, comenta para sí


-Entonces sí se acuerda…